Diputados nuevos, mañas viejas: la pelea por la presidencia del Congreso Nacional
DR HUGO A FIALLOS
En Honduras, cada vez que se elige un nuevo Congreso Nacional ocurre el mismo milagro bíblico: Diputados recién juramentados se transforman, de la noche a la mañana, en expertos constitucionalistas, mártires de la democracia y defensores acérrimos del pueblo. Todo al mismo tiempo. Bendito sea Dios hermanos, alabemos al señor. Amén.
Por que esa transformación? Las caretas de personas bonachonas, honestas y sonrientes se cae, las diputadas ya les vale salir en la tele sin maquillaje ( inserte aquí un grito ahogado de terror), y todo por una sola razón: Qudarse con la presidencia del Congreso Nacional.
Porque no, no es amor por la patria. Ni es vocación de servicio. No es un súbito despertar democrático. Es miedo. Es ambición. Es supervivencia política.
En teoría, el Congreso Nacional debería ser un espacio para debatir ideas, construir leyes y representar a la ciudadanía. En la práctica hondureña, es otra cosa: una mezcla entre búnker, iglesia con misas negras, mesas de negociacion, transacciones economicas conocidas en mi barrio como el tilin tilin, y, en muchos casos, tribunal de salvación.
Quien controla el Congreso no solo controla leyes. Controla:
Qué leyes nacen, cuáles mueren, Cuáles se engavetan, y cuáles deben aparecer mágicamente en la madrugada, aprobadas “por unanimidad” mientras el país dormía
Aquí no se discute el bien común.
Aquí se negocia quién duerme tranquilo los próximos cuatro años.
¿Por qué la pelea es tan sucia?
Porque muchos diputados no llegan al Congreso pensando:
“¿Cómo mejoro la vida del hondureño promedio?”
Llegan pensando:
“¿ me irán a investigar?”
“¿De a cuanto nos ira a tocar?”
“¿De a cuanto va a ser el primer aumento de sueldo?”
“¿Quién va a controlar la Corte?”
“¿Quién va a ser el fiscal?”
“¿Cuando pagan el bono del pescado?”
Y ahí está el verdadero premio.
La presidencia del Congreso es la llave que abre:
La elección de magistrados
El Ministerio Público
El Tribunal de Cuentas
El sistema electoral
Y, por si fuera poco, la impunidad a la carta
No es un cargo legislativo.
Es un centro de control del Estado.
Por eso es que tambien en ocasiones las peleas más violentas no son entre partidos distintos, sino dentro del mismo partido. Y eso confunde a la gente.
“¿Pero no se supone que son del mismo color?”, pregunta el ciudadano ingenuo.
Sí. Del mismo color…
pero de distinto patrón.
En Honduras, los partidos no funcionan como organizaciones ideológicas. Funcionan como franquicias de intereses de Grupos económicos, haciendas de Caciques regionales, Familias políticas, y crimen organizado.
El partido es solo el envase.
El contenido es poder, negocios y protección.
El Congreso como seguro de vida
Muchos diputados saben que fuera del Congreso no son “honorables padres de la patria”, sino potenciales imputados.
Por eso el Congreso se ha convertido en:
Un escudo contra la justicia, Un refugio contra investigaciones, un mercado donde el voto se alquila, se presta o se vende.
La presidencia del Congreso no garantiza gobernabilidad. Garantiza control del daño.
Y mientras eso no cambie:
Siempre habrá caos al inicio de cada legislatura, Siempre habrá traiciones, Siempre habrá “acuerdos bajo la mesa”, y Siempre habrá diputados peleando como perros por la presidencia, como ya lo estamos viendo.
No porque amen el país…sino porque temen perder el control.
Porque aquí viene lo más incómodo:
en Honduras, un Congreso hostil puede neutralizar al presidente de la República sin disparar una sola bala: Sin presupuesto no hay gobierno, sin leyes no hay reformas.
Sin acuerdos no hay país que avance.
Por eso algunos partidos quieren el Congreso no para legislar, sino para gobernar sin haber ganado la presidencia. Un golpe de estado elegante, sin pijamas, sin disparos, sin tanquetas ni comunicados militares.
Mientras los diputados se pelean por la silla grande, el discurso público es predecible: (anotelos porque los va a oir seguido)
“Defendemos la institucionalidad”
“Defendemos la democracia”
“Defendemos la voluntad popular”
Curiosamente, el pueblo nunca está invitado a la mesa donde se reparten los acuerdos. El pueblo Solo sirve para: Votar, Aplaudir, indignarse en redes, Y volver a esperar cuatro años más
El verdadero problema no es quién gane la presidencia del Congreso este año.
El problema es que ese puto cargo vale demasiado.
En una democracia sana, ningún puesto legislativo debería concentrar tanto poder. En Honduras, lo concentra todo: Justicia, presupuesto, Elecciones, impunidad.
Mientras eso no cambie, el inicio de cada legislatura será igual: pleitos, puteadas, declaraciones de quien “merece” ser el presidente del congreso, Traiciones, misas y Pactos oscuros
Diputados gritando “ilegal” cuando pierden y “constitucional” cuando ganan.
La lucha por la presidencia del Congreso en Honduras es tan feroz porque ahí se decide: Quién manda de verdad, Quién paga, Quién roba, Quién cae preso,
No es politica, no es una crisis política. Es el funcionamiento normal de un sistema enfermo.
Un sistema donde legislar es secundario.
Donde legislar es negociar.
Y donde el poder no se usa para servir, sino para protegerse.
Aquí no gana la democracia.
Gana el que logra sentarse en la silla correcta…
antes de que la justicia toque su puerta.
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