EL PENE: el mejor amigo del Hombre. Aunque le falle en el momento que más lo necesita
DR HUGO A. FIALLOS
Destructor de sueños y creencias
A ver empecemos con una pregunta rápida:
¿Como se llama tu vesicula?
O tu riñon derecho?
Como le decís a tu oreja izquierda?
Porque hay órganos que nos mantienen vivos.
El corazón bombea.
Los pulmones oxigenan.
Los riñones filtran.
El cerebro decide si seguimos existiendo mañana.
Y el pene...bueh, ese no hace nada, mas que crear problemas.
Sí… ese pedazo de carne que ha construido imperios, destruido matrimonios, inspirado guerras… y generado más inseguridad que cualquier examen de laboratorio. Ese órgano al que culturalmente le hemos asignado más poder del que realmente tiene… y más importancia de la que se merece.
Porque sino diganme: como explicar que sea el único órgano que tiene todo un catálogo de nombres genericos: pipi, pirulin, verga, paloma, ciclope, pelon etc etc etc.
Y no como si eso no fuera suficiente algunos hombres hasta le ponen nombre propio: Jaime, Claudio, Pepe, Bruce, Hulk...en fin.
Nadie habla con su vesícula, o con su vegiga, nadie le dice a su bazo " Hay que crear defensas". Ahh pero al pene: "Hoy cenamos compadre", "nos va a ir bien vo", "creo que ya la hicimos ey". Para terminar diciendole: "no me falles cabrón, no seas así, no ahora. Despertate...por favor."
Porque seamos claros desde el inicio: No es que el pene sea especial. Lo especial es el significado que le hemos dado
Y ahí es donde la mula, bota a Genaro.
Yo no se cuando fue que el hombre decidio que ese copetin era su mejor amigo porque durante siglos, el pene ha sido elevado a símbolo de poder, virilidad, dominio, éxito. Por eso hay tanto signo fálico en nuestra sociedad, los bastones de mando, son un buen ejemplo de ello, por eso se pasan de alcalde a alcalde o de comandante a comandante, es el mensaje que dice: "ahora sos la mera verga". Y le entrgan una representacion de ella.
Un pequeño apéndice anatómico convertido en medidor de valor personal.
¿El resultado?
Generaciones enteras de hombres viviendo con una ansiedad silenciosa, ridícula y profundamente arraigada:
“¿Soy suficientemente hombre?”
No como persona. Ni como profesional.
Tampoco como esposo, padre, pareja o compañero. No.
Como pene.
Vamos a empezar con una verdad incómoda: El pene no es especial.
Desde el punto de vista biológico el pene es básicamente: Tejido eréctil, Vasos sanguíneos, nervios, y una función muy específica: La reproducción.
Y lo mas triste es que la mayoría de los hombres no conocen su propio pene. Ni como funciona, ni anatomicamente, ni psicológicamente.
Ahh pero opinan como si fueran especialistas.
Afortunadamente la ciencia, que es mucho menos dramática que el ego masculino, se ha dedicado a destruir mitos.
Y voy a empezar destruyendo el mito más grande de todos: el tamaño.
Porque si creen que el promedio son 18, 20 o 25 centímetros… felicidades, han sido estafados, engañados, burlados y (lamentablemente) educados por el porno.
La ciencia (no tu compadre cuando está bolo) dice otra cosa:
El tamaño promedio del pene erecto anda alrededor de los 13 centímetros. Mas o menos.
La mayoría de los hombres está dentro de un rango perfectamente normal. El 90% de los hombres está entre 10 y 16 cm. Pero eso no nos importa.
Porque la percepción está completamente distorsionada.
Más del 40% de los hombres cree que su pene es pequeño. No porque lo sea… sino porque compara su realidad con la ficción del porno. O sea…así o mas pendejos? Y por eso anda tanto frustrado soltando odio en las redes sociales. Porque creen tenerlo chiquito.
Estadísticamente, la mayoría de los hombres son bastante normales, aunque quisieran ser protagonistas de una película XXX.
Y aquí hay que decirlo sin andarse con pajas: El porno no es educación sexual.
Es entretenimiento diseñado para exagerar un acto totalmente normal.
Sin embargo, se ha convertido en el principal referente educativo de millones de hombres. Y eso tiene consecuencias. Ninguna de ellas buena.
Expectativas irreales. Miedo de no cumplir, de no rendir a no durar. (y te cuento: si estas ansioso por durar, terminas antes) Y toda esa ansiedad por tenerla como burro (o caballo según gustos) solo causa una cosa: que eso que quieres que sea enorme, no funcione bien. Cada vez mas estamos viendo cipotes que simplemente no se ponen de pie frente a una dama.
Disfunción eréctil en hombres jóvenes sin enfermedad orgánica.
Sí, leíste bien.
Hombres sanos… cuyo problema no está en el cuerpo, sino en la cabeza.(la de arriba)
Porque la erección no empieza en el pene, empieza en el cerebro.
El Deseo, la emoción, el estímulo, o el contexto. Todo eso ocurre antes de que haya un solo cambio vascular. Y cuando ese sistema se contamina con miedo, duda o ansiedad… el resultado es obvio: No hay paraguas aunque llueva.
El pene falla no por incapacidad física sino por interferencia psicológica.
Pero en lugar de abordar esto como lo que es (un problema emocional) preferimos medicarlo… o peor aún, comercializarlo.
La industria de las “mejoras masculinas” es una de las más rentables del mundo. Pastillas, bombas, cremas, cirugías. Todas prometen lo mismo: más tamaño, más potencia, más seguridad.
Lo que realmente venden es otra cosa: ilusion empacada como solución para la inseguridad.
Porque si esos productos funcionaran como prometen, la ansiedad masculina ya habría desaparecido hace décadas.
Pero no. Sigue aumentando.
Y mientras tanto, ignoramos datos básicos que desmontan el mito desde la raíz: asi que permitanme empezar a destruir sus ilusiones.
Para empezar, el placer sexual no depende del tamaño.
La conexión entre la pareja, la estimulación adecuada y el contexto emocional tienen mucho más peso. Pero claro eso no vende porque no es espectacular, ni alimenta el ego.
Lo verdaderamente incómodo de todo esto es que el pene, ese supuesto símbolo de poder, es en realidad un órgano profundamente vulnerable.
Puede fallar por estrés, se puede lesionarse, se puede enfermar.
Y cuando lo hace, no solo afecta la función sexual… afecta la identidad del hombre que depende emocionalmente de él.
Ese es el verdadero problema.
No el pene.
Sino la relación psicológica que hemos construido alrededor.
Entonces debemos empezar por aceptar que ya es hora de replantearlo todo.
De dejar de medir el valor personal en pulgadas o centimetros.
De dejar de comparar tamaños.
De entender que la sexualidad humana es mucho más compleja que una simple respuesta mecánica.
Y sobre todo…
De aceptar una verdad que puede resultar incómoda: No es necesario tener un pene más grande.
Lo verdaderamente necesario, es redefinir el verdadero concepto de lo que significa ser hombre.
Porque al final, el pene nunca ha sido el protagonista.
Solo ha sido el pretexto.
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