PRESIÓN ALTA: LA ENFERMEDAD QUE NADIE RESPETA (HASTA QUE LES JODE LA VIDA)
DR HUGO A FIALLOS
Médico que sabe de lo que habla, porque lo ve a diario
Una de las características que vuelven tan pijudita a la UCI y a los intensivistas es que ahí se tratan los pacientes mas graves de un hospital: infartos, derrames cerebrales y otras enfermedades que hacen morir de envidia a cualquier serie de television.
Y la gente disfruta de ver esos dramas médicos de la tele hasta que les toca de verdad.
Y es que si les dijeran que tienen cáncer o que les dio un infarto, se espantarían y se preocuparían. Pero si les dicen “tiene la presión alta”, la reacción generalmente es: “ah, sí… un poquito nada más, no pasa nada Dr, así la mantengo”.
Y ahí está el primer error.
Porque cuando se trata de enfermedades como el cáncer, infarto al corazón o un derrame cerebral, la gente se espanta, y como si fueran el Voldemort de las enfermedades, todos bajan la voz al pronunciar sus nombres, y hasta tocan madera para que eso no les pase a ellos.
Pero vea compa, hay una enfermedad que es mucho más peligrosa que todas esas juntas y, aun así, nadie le tiene miedo.
La hipertensión.
Sí. La famosa presión alta. Esa que la gente menciona con una tranquilidad absurda, como si fuera una molestia menor. Como si fuera algo que solo le pasa a los viejos. Como si fuera un pequeño comentario médico que no merece demasiada atención.
Y esa es precisamente la razón por la que sigue siendo una de las principales causas de muerte en el mundo.
No porque no tenga tratamiento o porque sea difícil de detectar.
Sino porque a todo el mundo le vale verga.
Y es que la hipertensión se ha vuelto tan común que dejó de asustar. Y cuando algo deja de asustar, la gente deja de cuidarse.
Se parece a Claudia, la cipota de mi barrio que tiene mas recorrido que una aerolínea de la mosquitia. Y por eso nadie la respeta. Porque cualquiera la tiene.
Todo el mundo ha oído hablar de la presión alta, o conoce a alguien que toma pastillas para la presión. Y la mayoria sale con “me salió un poquito alta la presión, pero no pasa nada”.
Y ese es el problema.
Eso explica por qué hay millones de personas que saben que tienen la presión alta y, aun así, no toman el tratamiento de forma correcta. No porque no puedan, sino porque creen que no es urgente.
La gente cree que la presión alta solo es un número, pero no, no lo es.
La presión alta no aparece de la nada. Es el resultado de años de maltrato que el cuerpo ya no puede soportar.
La gente cree que el dolor es la señal más importante de enfermedad. Si algo no duele, entonces no puede ser tan grave. Y eso funciona para muchas cosas, pero no para la presión alta.
Porque la hipertensión no duele. Lo que duele es lo que viene después.
Duele el pecho antes del infarto.
Duele la cabeza antes del derrame cerebral.
Se los explico facilito: el corazón bombea sangre y esa sangre golpea las arterias. Esa fuerza con que las golpea se llama presión. (si hubieras prestado atención en la clase de física elemental lo entenderías más fácil burro) La presión normal es necesaria, pero cuando es demasiado alta y constante, las arterias se ponen duras y frágiles, como una manguera vieja que si le metes demasiada presión estalla. Solo que aquí ese estallido no es un ruido: es un derrame cerebral, un infarto o una insuficiencia cardíaca.
El cerebro sufre primero. Los vasos sanguíneos se tapan o se rompen, y ahí tienes un bonito y elegante derrame cerebral. Todo por ignorar un número que salió “un poquito alto” en un aparato.
El corazón también paga caro. Ese músculo trabaja horas extra, día tras día, hasta que se cansa. Entonces aparece la insuficiencia cardíaca, que en la vida real significa que respirar se vuelve un esfuerzo brutal. Pero la gente (vos no, yo sé que vos no) sigues sin tomar pastillas, porque tener la presión “un poquito alta” no es problema.
Los riñones también sufren. La presión alta los va dañando lento, hasta que ya no filtran bien. Y de repente “la diálisis” deja de ser una palabra lejana y se convierte en rutina, varias veces por semana, horas conectado a una máquina solo para no morirte. Y todo empezó con un “no pasa nada, solo la tengo un poquito alta”.
Lo más peligroso de todo es que ese daño ocurre lentamente.
Tan lentamente que la persona se acostumbra a vivir con él. Tan lentamente que cuando finalmente aparecen los síntomas, ya no estamos hablando de prevención, sino de supervivencia y para cuando aparece la enfermedad, ya no hay nada que recuperar. Solo hay daño y ya no hablamos de sobrevivir, sino de intentar salvar lo que queda. Porque el daño, es irreversible.
Y ojalá solo fuera que el problema de la hipertensión mata. Personas que se mueren de forma súbita mientras ven la tele y se enojan con el equipo de futbol. O mientras desayunan quejándose de ese puto dolor de cabeza que no se quita.
El problema es que deja secuelas.
Personas que quedan vegetal, o que deben tener una vida limitada porque su corazón ya no jala, o que deben depender de una máquina de diálisis para no morir ahogados en sus propios líquidos. Personas que ya no pueden vivir de forma independiente.
Y detrás de esas historias que terminan en UCI hay algo en común: que la persona sabía que tenía la presión alta, pero decidió no tomárselo en serio.
No porque fuera irresponsable, sino porque nadie le explicó lo que realmente estaba pasando dentro de su cuerpo.
Pero también hay que aclarar algo importante: La hipertensión no es una enfermedad del corazón.
Es una enfermedad del estilo de vida moderno:
Dormimos mal, Comemos peor. Nos hartamos sal como si fuésemos burros (¿todavía comen sal los burros?), bebemos café en cantidades industriales (si solo me tomo tres Dr), o comemos con manteca como si ya no tuviéramos suficiente en la panza (y en las arterias).
Fumamos. (por cierto, los vapes, son tres a cinco veces peor que los cigarrillos tradicionales, solo que, sin olor, y más mortales)
Vivimos estresados.
Nos movemos menos que nunca.
Y encima, creemos que no va a pasar nada.
Lo más frustrante de todo es que la hipertensión se puede controlar. No es una enfermedad misteriosa ni incurable.
El tratamiento es simple, aunque no lo parezca: menos sal, menos café, mejor descanso, más alimentación saludable, menos stress, más movimiento, medicamento diario y constancia. No cuando te acuerdes, no cuando quieras. Constancia. Y sí, probablemente de por vida. Pero eso sigue siendo mejor que un derrame, mejor que ahogarte por insuficiencia cardíaca o depender de una máquina para sobrevivir.
Pero el problema no es médico. Es cultural.
Porque mucha gente le tiene más miedo a tomarse una pastilla todos los días que a sufrir un derrame cerebral. Le tiene más miedo al tratamiento que a la enfermedad. Prefiere ignorar el problema antes que enfrentarlo.
Y esa decisión, aunque parezca pequeña, termina siendo una de las más peligrosas que puede tomar una persona.
La presión alta no aparece de la nada. Es el resultado de años de maltrato que el cuerpo ya no puede soportar.
La hipertensión es daño silencioso que ocurre todos los días, aunque la persona se sienta perfectamente bien. Es una enfermedad que no marea, no manda señales claras. No hay una alarma que se encienda. No hay un dolor o un sangrado que te obligue a ir corriendo al médico.
Y precisamente por eso termina siendo mucho más peligrosa.
Porque no grita. No avisa. No molesta. Solo espera.
Es una enfermedad paciente. Puede pasar años sin hacer ruido, acumulando daño poco a poco, hasta que finalmente aparece en forma de una tragedia que nadie vio venir.
Y entonces la pregunta siempre es la misma:
“¿Cómo pasó esto si estaba bien?” “Tan joven y fuerte que se veía”, y cuando les contesto, se incomodan: No, no estaba bien. Estaba enfermo. Solo que decidió no hacerle caso.
Tenemos que entender de una vez que tener la presión alta no es una molestia menor. No es un detalle sin importancia. No es algo que se pueda ignorar durante años sin consecuencias.
Es una enfermedad silenciosa, sí, pero no es inofensiva. Es común, sí, pero no es normal. Y, sobre todo, es prevenible en muchos casos, pero solo si se toma en serio.
El problema no es la falta de información. El problema es la falta de conciencia.
Para terminar, déjame contarte que no necesitas sentirte enfermo para estar en peligro.
No necesitas dolor para que algo esté mal.
Y no necesitas estar viejo para que la hipertensión te arruine la vida.
Lo único que necesitas es ignorarla.
Y eso, por desgracia, es exactamente lo que millones de personas hacen todos los días. (vos no, yo se que vos no)
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