El médico sabe cómo cuidarse… y aun así se mata solito.


Dr Hugo A Fiallos
Me declaro culpable en este tema

Voy a empezar con una confesión incómoda.
La mayoría de los médicos no somos ejemplo de salud.
Y no, no es un secreto.
No es raro ver médicos hipertensos que no se miden la presión, cardiólogos sedentarios, neumólogos fumadores o intensivistas que sobreviven a base de café.
Y entonces aparece la pregunta que flota en el aire, incómoda como mosca en la UCI:
 ¿Cómo es posible que quien sabe tanto de salud, se cuide tan mal?
¿Por qué los médicos no predican con el ejemplo?
 Y claro, aparece el juicio fácil, cómodo, casi automático:
“Es que son hipócritas”, “Es que son incoherentes”, “Si ellos no se cuidan, como vienen a decirme que hacer?”
Pero esa lectura es demasiado simplista. Y todos en más de una ocasión la hemos tenido, incluso nosotros mismos como médicos al criticar a otros colegas. Y hemos estado muy equivocados.
Por eso hoy vamos a hablar de eso.
Sin romantizar la gabacha, sin frases motivacionales de facebook, y sin el pretexto barato de “es que no tienen voluntad”.
Porque la explicación no es moral.
Es biológica, psicológica y estructural.
Porque el problema no es el médico.
El problema es el sistema que lo exprime.

Por que? Porque Saber no es cambiar. 

Vea, la mayor parte de la gente tiene la idea equivocada de que el conocimiento transforma mágicamente la conducta. Como si al cerebro humano solo fuera cosa de meter la información correcta y obtener decisiones saludables. Lamento comunicarles que no es cierto, no funciona así. Debería, pero no.
El conocer el riesgo, no es igual a cambiar la conducta
En psicología de la salud esto está mas estudiado que la aspirina.
El conocimiento no es un modificador conductual fuerte.
Está más que demostrado que saber qué algo es malo no activa automáticamente el cambio, que sea dañino no garantiza dejar de hacerlo. Si así fuera, no existirían fumadores, alcohólicos, diabéticos ni gente que sigue votando por el partido nacional. 
El médico no es una excepción a la biología humana; solo es un ejemplo más.
Tenemos que entender que el cerebro humano no funciona por lógica, el cerebro decide por hábitos, recompensas inmediatas, estrés y contexto. Y en el contexto médico, el autocuidado es un lujo, no una posibilidad real.
Una de las cosas que el publico asistente desconoce es que el médico vive en estrés constante, crónico. Y el estrés crónico no es una metáfora motivacional: es fisiología pura. El cortisol elevado de forma sostenida altera el sueño, aumenta el apetito por azúcar y grasa, favorece la obesidad abdominal y reduce la motivación para cuidarse. Ya hay todo un episodio de Educando a La Pobrería acerca de esto. Oíganlo. Les va a servir.
Y aquí viene lo incómodo.
• El sistema en el que trabaja un médico empuja hacia lo contrario de lo que recomienda.
El mismo sistema que exige que el médico recomiende dormir bien, comer sano y manejar el estrés, le impone guardias de 24 o 36 horas, sueño fragmentado, horarios de comida desordenados, comida ultraprocesada a medianoche, Café como grupo alimenticio primario, poco tiempo para ejercicio, cero tiempo para autocuidado y una carga emocional constante.
No es incoherencia.
Es incompatibilidad estructural.
Pretender que alguien mantenga hábitos saludables en un entorno que los sabotea de forma sistemática es como pedirle a un asmático que corra dentro de un incendio.
Se dan cuenta que no es falta de voluntad?.
Es neuroendocrinología básica.
Aunque usted no lo crea, o ni siquiera lo haya pensado, ese médico que ve usted ahí en su consultorio ha estado tomando decenas o cientos de decisiones críticas al día —intubar o no, operar o no, avisar a la familia o esperar, que antibiótico le deja, y ese estrés deja al cerebro en lo que se conoce como en fatiga decisional. En ese estado, elegir una ensalada, hacer ejercicio o pedir una cita médica es mentalmente agotador.
Por eso se come lo que haya, no se hace ejercicio, se posterga sus revisiones médicas, o simplemente dice “después voy a revisar eso”
Por eso se posterga todo.
No es por ignorancia. Ni porque no se sepa qué hacer, sino porque ya no queda energía mental para hacerlo.
Y aquí, justo aquí entra la ironía final. Muchos médicos creen, aunque no lo digan, que si algo va mal lo van a notar a tiempo. Que saben reconocer los síntomas. Que tienen ventaja.
Ese exceso de confianza retrasa controles, normaliza síntomas y convierte al médico en paciente tardío. No por ignorancia, sino por un sesgo cognitivo bien documentado: el optimismo irreal. Se minimizan los síntomas, “como me voy a infartar yo vo, nambe”, "seguro es algo que comi, ya se me va a pasar, me tomo esto y ya".
Se normaliza el desgaste.
Muchos médicos construyen su identidad así: es el que resuelve, el que aguanta, el que no se queja, el que sigue aunque esté mal.
Cuidarse puede interpretarse (inconscientemente) como: Debilidad, pérdida de tiempo, lujo, y esto es cultural, no individual.
Los médicos vemos el final del camino todos los días.
Eso produce dos respuestas opuestas:
1. Algunos se vuelven extremadamente saludables
2. Otros desarrollan una relación superficial con el cuerpo: “De todas formas todos vamos a terminar intubados, dializados o muertos”
No es depresión necesariamente.
Es vivir con la constante consciencia de la muerte.
En medicina, especialmente en áreas críticas, el umbral de lo “grave” se deforma. Dormir mal es normal. Vivir cansado es normal. Tener dolor crónico es normal. Estar irritable es normal.
Hasta que deja de ser normal.
El cuerpo cobra la factura con intereses, pero cuando lo hace, ya no hay excusas clínicas que lo maquillen.
No es hipocresía, es un sistema enfermo
Decir que los médicos no son ejemplo de salud no es falso.
Pero usar eso para descalificar su discurso es una trampa.
El médico no falla por incoherente.
Falla porque trabaja en un sistema que enferma incluso a quienes saben cómo evitar la enfermedad.
Y si el sistema logra quebrar a los que entienden la fisiología, la prevención y el riesgo…
¿qué puede esperarse para el resto?
Tal vez el verdadero escándalo no sea que los médicos no se cuiden.
Tal vez el escándalo es que hayamos construido un modelo de salud incompatible con estar sano.

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