Therians: EL HOMBRE LOBO SÍ EXISTE… PERO ESTÁ EN EL SANTA ROSITA.
¿Identidad o delirio? La ciencia aclara el panorama en tiempos de TikTok
Dr Hugo Alejandro Fiallos
Ferviente defensor de los animales. Excepto de los diputados.
Pucha compa, de verdad que a mí la hipocresía de la sociedad hondureña no deja de sorprenderme. En una sociedad donde los cipotes se saludan de “mi perro”, o “mi dogui”, donde las mujeres son “perras”, o “ mi perrita” o hay “zorros” y “zorras”, pocos fenómenos han generado tanta confusión y burla como los therians.
Y es que en internet todo fluye igual. Un dia sale un video de alguien que dice identificarse como lobo.
Después Videos de adolescentes caminando en cuatro patas con máscaras de lobo, colas falsas y frases como “mi alma es un cane corso” inundan las redes.
Al día siguiente un periodista ignorante saca un titular alarmista que habla de “personas que creen ser animales”.
Aparece el primer comentario indignado.
Un meme.
Y entonces se hace un foro de televisión donde “expertos” improvisados, que no tienen ni puta idea del tema hablan desde la seguridad que les da la ignorancia, ignorantes hablando serio para otros ignorantes.
Y de pronto, lo que debería ser una conversación clínica se convierte en circo.
Para muchos adultos, esto parece una nueva forma de locura colectiva. Sin embargo, la ciencia –esa que no se deja llevar por TikTok – nos obliga aclarar: decir que es enfermedad mental solo porque si, es tan simplista como ridículo. Porque la enfermedad mental si existe, pero no, no es lo mismo.
La enfermedad mental se llama teriantropía clínica.
Esto no es folclor. Es psiquiatría.
Pero inmediatamente surge la confusión: ¿es lo mismo que los llamados “therians” actuales que se identifican espiritualmente o psicológicamente con un animal?
No.
Y mezclar ambas cosas es un error que revela lo poco que entendemos sobre salud mental.
La diferencia no está en la palabra “perro”.
Está en el juicio de realidad.
La teriantropía clínica, es un síndrome psiquiátrico raro documentado desde el siglo XIX.( 19 para los miembros de colectivo) en donde la gente cree que el cuerpo se transforma físicamente en un animal, un lobo, perro, gato o diputado : el paciente siente que le crecen colmillos, pelo o garras, aúlla, camina en cuatro patas y pierde temporalmente el contacto con la realidad. Dejan de hablar, ladran, comen croquetas, duermen en el piso, o sea, estos no andan posteando pendejadas en instagram. Una revisión publicada en julio de 2025 analizó 77 casos publicados globalmente. El 68% involucraban caninos (lobos o perros), la edad de inicio era más temprana en hombres, y la duración variaba de días a años. Los diagnósticos asociados más frecuentes eran trastornos psicóticos, depresión psicótica, espectro bipolar. En el 16% hubo violencia. El tratamiento con antipsicóticos logra remisión en más del 50% de los episodios, aunque el trastorno subyacente suele persistir.
Esto es patología real: sufrimiento, deterioro funcional y, a veces, riesgo para terceros.
Ahora, ¿que pasa con los therians?, esa comunidad que dicho sea de paso, no es nueva, surgió en los 90 en foros de internet y explotó con TikTok. Un therian se identifica parcial o totalmente como animal no humano (su “theriotipo”: lobo, gato, ave, dragón…). Experimentan “ giros mentales ” (cambios en su mente con instintos animales), “miembros fantasmas” (como el de tu ex) donde tienen la sensación de tener cola, orejas o alas inexistentes y a veces una muy mala imagen corporal. Pero –y esto es clave– la inmensa mayoría sabe que su cuerpo es humano. No hay delirio de transformación física literal; no esperan convertirse en lobo bajo la luna llena ni cazar en el supermercado. Es una identidad psicológica, espiritual o neurodivergente, sin pérdida de realidad.
En la mayoría de personas que se autodenominan therians, no hay psicosis. Pueden mantener trabajo, estudio y relaciones. Conservan juicio de realidad.
Superficialmente suena parecido. Clínicamente es radicalmente distinto
La psiquiatría no diagnostica rarezas culturales. Diagnostica pérdida de contacto con la realidad y deterioro funcional significativo. Si esos elementos no están presentes, no estamos hablando de enfermedad.
Y aquí es donde el debate público se suele descarrilar.
Diagnosticar trastorno solo por sentirse lobo interiormente sería tan absurdo como decir que alguien es Emo solo por usar ropa negra.
La investigación del International Anthropomorphic Research Project (Furscience), que desde 2011 ha encuestado a decenas de miles de participantes en el fandom furry (donde muchos therians convergen), respalda esta distinción. Sus datos actualizados hasta 2023-2025 muestran que los therians no presentan tasas más altas de ansiedad, depresión o trastornos psicóticos que la población general. La única diferencia notable es una prevalencia mayor de autismo (al menos 2.25 veces más, incluso ajustando por género; entre 3.7% y 15% se autoidentifican en el espectro). Esto se relaciona con intereses intensos y específicos, comunes en el autismo, y con la comunidad como espacio de aceptación para neurodivergentes. No hay evidencia de delirios disfuncionales ni mayor riesgo psiquiátrico.
Irónicamente, en 2026, mientras celebramos diversidad de género, orientación y neurodivergencia, fruncimos el ceño ante alguien que dice “mi mente se siente más cómoda como lobo”.
Por ahí salieron unos alcaldes no solo exhibiendo su ignorancia sino gritándola a los cuatro vientos diciendo que prohibían las manifestaciones Therians en sus plazas publicas. Tal vez porque les da miedo sentirse retratados en lo gatos que son.
Talvez porque desafía la idea fija de que el “yo humano” es inmutable. La identidad humana siempre ha sido fluida: cultural, de género, espiritual. ¿Por qué no también una conexión animal profunda? Mientras no haya daño, demandas imposibles o abandono de responsabilidades adultas, ¿qué problema hay en que un joven encuentre consuelo en su theriotipo?
La burla masiva hacia caminar en 4 patas (quadrobics) y máscaras en TikTok revela más sobre nuestra incomodidad con lo no normativo que sobre la “locura” de los therians. La ciencia nos invita a una pausa: diferenciar delirio patológico de identidad no patológica no es condescendencia, es rigor.
Reducir la conversación a burla o a negación es cómodo. Pensar con precisión es más difícil.
Patologízar por moda viral solo estigmatiza a quienes ya navegan un mundo que no siempre entiende sus experiencias internas.
Al final, ser therian puede ser una forma creativa –y a veces preocupante– de decir “no encajo del todo en este cuerpo humano capitalista opresor y desconectado de la naturaleza”. Mejor eso que otras salidas destructivas. Mejor que corran a cuatro patas a que se emborrachen, mejor que se reúnan con otros similares a correr por los parques, a que se oxiden y engorden tirados en sus cuartos, que socializen, que se diviertan. La próxima vez que veas un video de alguien aullando en el parque, has una pausa, Pregúntese: ¿estamos hablando de simbolismo identitario o de pérdida de juicio de realidad? ¿De cultura o de psicosis? recuerda: la mayoría no está delirando. Solo está expresando una identidad que, según la evidencia, no requiere camisas de fuerza ni memes crueles.
La diferencia no es semántica. Es médica.
Y en un campo donde la dignidad del paciente está en juego, la precisión no es un lujo académico. Es una obligación ética.
Solo necesita comprensión. Y tolerancia, aunque no lo aceptes o entiendas. Ellos no necesitan tu opinión. Pero vos necesitas dejar de ser tan cerrado, medieval y pendejo.
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