FARMEAR AURA: ¿LOS CIPOTES ESTÁN PENDEJOS O LOS ADULTOS ESTAMOS VIEJOS?
Dr Hugo A Fiallos
Hay una nueva preocupación que amenaza con destruir nuestra sociedad: los cipotes están “farmeando aura”.
Sí. Esa parece ser la nueva tragedia generacional.
Para los todavía no hemos sido derrotados por TikTok, “farmear aura” es una expresión que viene de los videojuegos. Significa, más o menos, hacer cosas que aumentan la percepción de que alguien tiene presencia, estilo, seguridad o carisma. Hacer algo “cool” y ganar puntos imaginarios de aura.
Y, como suele ocurrir cada vez que los adultos descubrimos que los jóvenes tienen una palabra que no entendemos, inmediatamente aparecen las advertencias sobre la decadencia de la juventud.
Que los cipotes solo quieren aparentar, Que necesitan llamar la atención, Que todo es show y no se que pendejadas mas. Todo lo satanizan y lo mas divertido es cuando salen con la tipica frase de “en nuestros tiempos” las cosas eran diferentes.
Claro que eran diferentes. No teníamos TikTok.
Pero eso no significa que fuéramos mejores. Éramos igual de pendejos que estos cipotes. Solo que nuestra estupidez no tenía cámaras.
Nosotros también queríamos caer bien. También queríamos vestirnos de determinada manera. También queríamos impresionar a los demás. También hacíamos cosas porque nuestros amigos estaban viendo. También queríamos que determinada muchacha o muchacho nos considerara interesantes.
La diferencia es que antes uno podía hacer el ridículo frente a diez personas y, con suerte, al día siguiente ya nadie se acordaba.
Ahora puede hacerlo frente a una cámara y terminar con cientos de miles de espectadores.
Eso fue lo que cambió.
Pero la necesidad de pertenecer no nació con las redes sociales. Es mucho más vieja.
La adolescencia siempre ha sido una etapa en la que la opinión de los demás pesa muchísimo. El grupo, la aceptación o la apariencia importa. La identidad se está construyendo y uno está intentando descubrir quién putas es mientras, al mismo tiempo, intenta convencer a los demás de que ya lo sabe.
Eso no es una enfermedad, es crecer.
El problema aparece cuando confundimos una cosa completamente normal como querer caer bien, con algo mucho más preocupante: necesitar la aprobación de los demás para sentir que tenemos valor.
Y esa diferencia es fundamental.
Un muchacho que se pone una camisa que le gusta, se hace una pose, graba un video con sus amigos y se ríe porque ganó “mil puntos de aura” no me preocupa particularmente.
Un muchacho que siente que tiene que hacer cualquier cosa, incluso algo peligroso o humillante, para obtener aprobación, sí.
Pero fíjese que ahí el problema no es el aura, el problema es la conducta, Y, sobre todo, la dependencia de la aprobación externa.
Curiosamente, los adultos deberíamos ser bastante cuidadosos antes de criticar este asunto. Porque llevamos décadas farmeando aura, solo que nosotros lo hacemos de formas más caras: Farmeamos aura comprando un carro que no necesitamos, presumiendo un viaje, una casa, o andando enmotos Harley Davidson aunque nos veamos ridiculos por ser viejos panzones en motos que son…exacto, para cipotes.
Farmeamos aura publicando fotografías de una vida perfectamente feliz mientras en privado estamos hasta el cuello de problemas o cuando nos preocupa más lo que piensa el vecino que lo que realmente queremos hacer con nuestra vida.
Y tenemos una frase para describirlo: “¿Qué van a decir?”
Esa frase ha sido una especie de sistema operativo nacional.
¿Qué van a decir los vecinos?, Qué van a decir los familiares?, Qué van a pensar en el trabajo? Que van, que van que van, y asi nos lo llevamos todo elmputo dia, pensando en que van a decir los demás en lugar de disfrutar lo que estamos haciendo.
Y después nos burlamos de un cipote porque quiere ganar puntos de aura. No jodan ombe. Sean serios.
El mecanismo es parecido. La diferencia es que el adulto tiene tarjeta de crédito.
La tecnología ha aumentado enormemente la posibilidad de compararnos con los demás y de convertir nuestra vida cotidiana en una especie de vitrina permanente.
Antes la comparación era con el compañero de escuela, el vecino o el primo, ahora podemos compararnos con miles de personas en el mundo y eso sí puede generar presión.
El problema aparece cuando la búsqueda de reconocimiento deja de ser un juego y se convierte en una necesidad.
Cuando alguien siente que si no recibe suficientes “likes”, comentarios o aprobación, entonces no vale.
Cuando necesita mostrar constantemente que es atractivo, exitoso, divertido, popular o interesante.
Cuando ya no vive la experiencia, sino que vive pensando en cómo se verá la experiencia frente a los demás. Eso si es preocupante, Ahí sí deberíamos prestar atención.
Pero eso no se resuelve diciéndole a un adolescente que “tu generación está perdida”. Se resuelve enseñándole algo mucho más difícil: Que puede gustarle a los demás sin necesitar gustarle a todo el mundo. Que puede querer verse bien sin convertir su apariencia en su identidad. Que puede disfrutar de la atención sin depender de ella. Que puede equivocarse sin sentir que su vida se terminó porque alguien se burló.
Y, sobre todo, que su valor como persona no se mide en puntos de aura, seguidores, likes, comentarios, ropa, dinero o popularidad.
El asunto es que decirlo es fácil, lo vergueado es enseñarlo con el ejemplo.
Porque los jóvenes escuchan nuestros discursos, pero observan nuestras vidas.
Y resulta bastante difícil convencer a un adolescente de que no viva pendiente de la aprobación ajena cuando él ve a los adultos pasar media vida preocupados por el “qué dirán”.
Quizá deberíamos dejar de escandalizarnos tanto por las palabras que utilizan los jóvenes y comenzar a preguntarnos qué hay detrás de ellas.
Porque el lenguaje cambia.Las necesidades humanas,no.
Hoy es “aura”. Ayer era “ser popular”.
Mañana será otra cosa que probablemente tambien nos parecerá incomprensible.
Cada generación inventa su propio vocabulario para describir las mismas necesidades humanas: pertenecer, ser aceptada, sentirse atractiva, sentirse importante, encontrar un grupo y construir una identidad.
Eso no es decadencia eso es humanidad.
Así que no, no creo que los cipotes estén necesariamente peor porque ahora dicen que están “farmeando aura”. Si, es cierto, algunos estan haciendo cosas absurdas. Por supuesto. Son cipotes pues y los cipotes hacen cosas absurdas.
La tarea de los adultos no debería ser impedir que sean jóvenes. Debería ser ayudarles a distinguir entre una estupidez inofensiva y una conducta que puede hacerles daño.
Porque una pose ridícula en TikTok probablemente no va a destruir a nadie. Una búsqueda desesperada de aceptación sí puede hacerlo.
Y hay una diferencia enorme entre ambas.
Por eso, la próxima vez que escuche a un joven decir que está farmeando aura, quizá en lugar de poner cara de espanto podríamos preguntarle qué significa.
Tal vez nos riamos, tal vez no entendamos nada, tal vez descubramos que no es tan grave.
Y, con un poco de suerte, también descubriremos algo sobre nosotros mismos.
Porque quizá el verdadero problema no sea que los cipotes estén farmeando aura.
Quizá el problema sea que los adultos llevamos demasiados años farmeando aprobación. Y algunos todavía no han aprendido a vivir sin ella.
Y es que fijense que si algo he aprendido en mis 60 años de vida es que el verdadero lujo no es tener mucho aura.
Es poder entrar a un lugar, no impresionar a nadie, no recibir ningún punto, no demostrar absolutamente nada…Y estar perfectamente bien con eso.
Eso es madurez.
Y, para los que todavía hablan el idioma de los cipotes, eso es Aura legendaria.
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