LA MARIHUANA: ¿HOJA SANTA, O HIERBA DEL DIABLO?
Dr Hugo A. Fiallos.
Ni consumidor, ni Inquisidor
Advertencia: Con la mirada fría de la ciencia y la empatía de la medicina, analizo el fenómeno de la marihuana lejos de la moralidad y los extremos. Este texto no busca promover el vicio ni dictar sentencias; es una radiografía médica que desarma los mitos de una planta que divide al mundo entre la santidad y el demonio. Una lectura imprescindible para entender el cannabis desde los hechos, no desde los prejuicios.
Aquí en Honduras Hay temas que uno menciona y de inmediato se arma vergueo. Política, religión, fútbol… y la marihuana. Basta con decir la palabra para que aparezcas los alegatos. Unos que creen que es el demonio vestido de verde y los que están convencidos de que sirve para curar hasta el mal de amores.
Y como siempre, la verdad la dejan en medio.
La guerra contra la marihuana no empezó porque la ciencia dijera que era peligrosa. No. Empezó porque a principios del siglo XX, en Estados Unidos, un par de políticos aburridos y racistas decidieron demonizarla. Se lanzó una campaña digna de Netflix: anuncios que aseguraban que fumar un porro te convertía en asesino, degenerado y loco. Mientras tanto, el alcohol y el cigarro mataban a millones de personas, pero claro, con anuncios en televisión.
La marihuana no es una planta mágica. Pero tampoco es el demonio que nos han vendido. Contiene sustancias que producen efectos reales sobre nuestro organismo
La marihuana contiene más de 100 compuestos llamados cannabinoides, pero dos son las estrellas: el THC, que es el que pone la fiesta y es el culpable de los viajecitos placenteros, el que puede generar relajación, euforia, aumento del apetito y alteraciones en la percepción.
Sí, fumar marihuana puede relajarte, darte risa floja y abrirte el apetito hasta dejarte saqueando la refri como langosta bíblica. Pero también puede producir ansiedad, paranoia, problemas de memoria, disminución de la coordinación, pensar que tu gato te espía y si eres adolescente, afectar tu cerebro en desarrollo. Fumar marihuana no es aspirar aire bendito: el humo también daña los pulmones. Y aunque la adicción es menos intensa que la del tabaco o el alcohol, existe. Quien diga lo contrario, está tan drogado que ya no recuerda los síntomas de abstinencia
Ppr otro lado tenemos al CBD, el hermano calmado que ayuda contra el dolor y la ansiedad sin dejarte viendo unicornios.
Es decir, la misma sustancia que a uno puede hacerlo reírse de una tontera puede hacer que otro termine preguntándo si el perro del vecino trabaja para la DEA.
Así funciona la biología: no todos reaccionamos igual.
Y aquí aparece el primer problema de nuestra conversación sobre la marihuana. Nos encanta hablar en absolutos. Para todo es si o no, es buena, es mala, es medicina, es droga.
Pues mire uste que cosas compa, la mota puede ser una sustancia psicoactiva y, al mismo tiempo, algunos de sus componentes pueden tener aplicaciones médicas. Una cosa no elimina la otra.
De hecho, hay medicamentos basados en cannabinoides para algunas enfermedades o síntomas. Hay evidencia de utilidad en algunos pacientes con dolor crónico, en las náuseas y vómitos relacionados con ciertos tratamientos contra el cáncer, e incluso para algunas formas graves de epilepsia. Alivia el dolor crónico, pero no cura el cáncer, no arregla la pobreza y no resuelve el trauma de tu infancia.
El problema se vuelve todavía mayor cuando alguien confunde “natural” con “seguro”. Que algo venga de una planta no significa que sea seguro. El veneno de una serpiente también es natural y nadie se lo echa al café.
La marihuana tiene riesgos. Y algunos son especialmente importantes.
El cerebro adolescente, por ejemplo, es particularmente vulnerable. El consumo temprano y frecuente se ha asociado con problemas de atención, memoria, aprendizaje y rendimiento. También existe una relación entre el consumo de cannabis y un mayor riesgo de síntomas psicóticos, especialmente cuando el consumo comienza temprano, es frecuente o se utilizan productos con altas concentraciones de THC.
Eso no significa que todo adolescente que fume marihuana terminará con esquizofrenia. Esa afirmación sería irresponsable.
Pero tampoco podemos decir que no existe ningún riesgo.
La ciencia no funciona diciendo “siempre” cuando la realidad dice “en algunos casos”.
También existe la posibilidad de desarrollar un trastorno por consumo de cannabis. No le ocurre a todo el mundo, pero algunas personas terminan necesitando consumir, no simplemente queriendo hacerlo. Intentan reducir el consumo y no pueden; abandonan actividades; tienen problemas laborales, académicos o familiares y continúan consumiendo.
Ahí ya no estamos hablando de libertad recreativa, estamos hablando de adicción y dependencia. Y la adicción no se resuelve llamando “vago” o “drogadicto” al que la padece. Se trata como un problema de salud.
Hay otro asunto que debería ser absolutamente indiscutible: consumir marihuana y manejar. Se sabe y esta comprobado que la marihuana afecta la atención, la coordinación, el tiempo de reacción y la capacidad para tomar decisiones. Y aquí aparece esa maravillosa capacidad humana de sobreestimar nuestras propias habilidades.
Ay, dicen, yo manejo bien cuando ando arriba. No compadre, lo que tenes es exceso de confianza. Y confianza no es lo mismo que capacidad. El bus, el taxi o tu carro no sabe que vos te sentís bien. La física tampoco.
El problema no es la planta. El problema es la hipocresía. Si te ven con un cigarro de marihuana, eres criminal. Pero si te ven con una botella de ron, eres fiestero. El alcohol mata tres millones de personas cada año; el tabaco, ocho millones. ¿La marihuana? Está muy lejos de esas cifras. (No se cuanto, preguntenle a google)Pero como el negocio no está en manos del Estado ni de las farmacéuticas, sigue siendo el demonio.
Aja, y entonces: ¿debemos legalizar la Marihuana?
La respuesta no puede reducirse a “sí porque es buena” o “no porque es mala”.
Legalizar una sustancia no la convierte en saludable. El alcohol es legal y causa enormes daños. El tabaco es legal y también los causa.
Pero prohibirla tampoco hace desaparecer mágicamente el consumo.
Una política pública inteligente tendría que preguntarse cómo reducir los daños: controlar la calidad, impedir el acceso de menores, limitar la publicidad, vigilar las concentraciones de THC, educar a la población y garantizar tratamiento para quienes desarrollen dependencia.
Y no, legalizar tampoco significa que desaparecerán los narcos. El mercado ilegal puede continuar ofreciendo productos más baratos, más potentes o acceso a quienes no pueden acceder legalmente.
Por eso la discusión acerca de legalizar la mota debería ser mucho más madura. Con menos moralismo, menos propaganda pero si con más evidencia.
Porque quizá ese sea nuestro verdadero problema con la marihuana: no sabemos conversar sobre ella. Siempre la convertimos en una guerra. Legalizar la marihuana trae ventajas claras: control de calidad (adiós a la mota mezclada con zacate), impuestos para salud y educación, menos narcos enriqueciéndose y acceso seguro para pacientes..
Pero no todo es felicidad. También hay mas riesgos: más adolescentes probándola antes de tiempo, buseros, taxistas y conductores creyéndose pilotos de Fórmula 1 mientras van drogados, y el consumo como si fuera vitamina.
Pero tampoco.significa que si se legaliza mañana todos vamos a fumar mota.
Entonces, ¿qué es la marihuana? Ni hoja santa ni hierba del diablo. Es una planta con beneficios y riesgos, como cualquier sustancia que altere tu cerebro. La verdadera pregunta no es si deberíamos fumarla o prohibirla, sino si como sociedad tenemos la madurez para usarla con responsabilidad. Y ahí es donde yo digo: No. No la tenemos. Honduras todavia vive en el siglo 19 con reglas morales del siglo 17.
La pregunta adulta no debería ser simplemente “¿es buena o mala?”.
Debería ser: ¿Para quién? ¿Para qué? ¿En qué cantidad? ¿Con qué riesgos? ¿Y qué evidencia tenemos?
Eso es lo que se debe hacer cuando hablamos seriamente de salud.
Y quizá necesitamos aplicar esa misma lógica a muchas otras cosas de la vida.
Porque cuando una sociedad abandona los extremos y empieza a hacer preguntas, ocurre algo extraordinario: Empieza a pensar.
Y pensar, queridos lectores, sigue siendo una de las pocas drogas que todavía no hemos conseguido regular.
Porque la marihuana no es el problema. El problema somos nosotros: una especie capaz de convertir cualquier cosa en vicio, negocio o guerra.
Y eso, mis queridos lectores, ni el CBD la arregla. Por ahora.
Comentarios
Publicar un comentario