¿EL PERRO ES PELIGROSO O EL DUEÑO ES UN PENDEJO?
Dr Hugo A. Fiallos
Médico orgullosamente dueño de 6 perros.
No se si ustedes se han fijado pero en este rancho, y creo que en todos lados, cada vez que un perro de gran tamaño ataca a una persona y termina en tragedia, empieza el mismo pleito. De un lado, quienes dicen: “Esos perros son asesinos, deberían prohibirlos”. Del otro, los propietarios indignados que responden: “Mi perro es un amor, jamás le haría daño a nadie”.
Y en medio estamos nosotros, los seres humanos, demostrando una vez más nuestra extraordinaria incapacidad para aceptar una respuesta que tenga más de una variable.
¿Es el perro? ¿Es la raza? ¿Es el dueño? ¿Es cómo lo criaron? ¿Es la fase de la luna?
La respuesta más honesta es bastante pijiada: pueden ser todas esas cosas al mismo tiempo.
Y eso no se ve bien en un video de TikTok
Comencemos por una verdad que a algunos amantes de los perros no les gusta escuchar: la genética importa.
Los perros no aparecieron ayer. Durante miles de años los seres humanos los han seleccionado para diferentes funciones. Hay perros seleccionados para pastorear, para cazar, para rastrear, para proteger y para compañía. Algunas líneas fueron seleccionadas por características físicas y conductuales que favorecían la confrontación y la fuerza.
Pretender que todas las razas tienen exactamente las mismas predisposiciones porque “todos los perros son iguales” es tan pendejo como decir que todos los carros son iguales porque tienen cuatro ruedas.
Pero tampoco podemos hacer la estupidez contraria y decir que un perro ya nace con el título de asesino escrito en el ADN.
La conducta no funciona así.
Un perro no recibe al nacer un papelito que dice: “Usted será asesino. Firma: La genética”.
La conducta es el resultado de una combinación de factores: genética, temperamento individual, experiencias tempranas, socialización, entrenamiento, ambiente, estrés, miedo, manejo y circunstancias específicas.
Llegamos ahora a una palabra que debería estar escrita en letras gigantes en cualquier lugar donde se vendan perros:
RESPONSABILIDAD.
Porque tener un perro poderoso no debería ser una decisión basada solo en que “se ve bonito”.
Pero nosotros somos así. Compramos cosas porque nos gustan. Después averiguamos para qué sirven. Y a veces ni siquiera llegamos a eso
Hay personas que adquieren perros grandes y musculosos porque les parecen impresionantes. Porque intimidan. Porque “nadie se va a meter conmigo”. Porque quieren sentirse más seguros. Porque les gusta presumirlos.
Y entonces aparece la frase que debería producir vergüenza: “Mi perro es bravo”.
¿Por qué putas sería eso algo de lo que sentirse orgulloso?
Un perro que protege adecuadamente puede ser una cosa. Un perro que reacciona agresivamente contra todo el mundo es otra.
Y un propietario incapaz de distinguir entre ambas cosas es el problema.
Porque muchas veces hemos convertido la agresividad animal en una especie de medalla masculina. “Ese perro no se deja” “Ese perro es bravo.” “Ese perro tiene carácter.” Hasta que un día ese carácter termina mordiendo a alguien.
Y entonces empieza el desfile de explicaciones y la lloradera.
“Es que lo provocaron.”, “Es que el niño se acercó.” “Es que el perro estaba asustado.” Es que… es que… es que…Pero después de una tragedia, el “es que…” no sirve para nada porque precisamente así ocurren muchas tragedias: hasta el día anterior, nunca habían ocurrido. Y las cosas, para que pasen, solo deben pasar una vez.
Hay otro argumento que escuchamos muchísimo: “Mi perro es un amor”. Mite uste. Que bueno.Me alegro muchísimo.
Pero su perro puede ser un amor y usted puede seguir siendo responsable de evitar que ocurra una situación peligrosa.
Amar a un perro no significa conocer perfectamente su comportamiento ni poder predecir todas sus reacciones.
Y mucho menos significa que el animal haya firmado un contrato garantizando que jamás atacará a una persona.
Un perro puede ser muy tranquilo durante años y reaccionar de manera diferente bajo determinadas circunstancias: miedo, dolor, estrés, territorialidad, excitación extrema o una interacción que interprete como amenaza.
Por eso la responsabilidad no consiste en decir: “Yo conozco a mi perro”.
Consiste en preguntarse: “¿Qué hago yo para evitar que mi perro llegue a una situación en la que pueda hacer daño?”
Esa es una pregunta bastante más adulta.
Y también debemos hablar de la diferencia entre agresividad y capacidad de daño.
Porque sí, un perro pequeño puede ser agresivo, puede morder, puede atacar y convertirse en una pesadilla doméstica.
Pero no todos los perros tienen la misma capacidad física para producir lesiones graves.
No es lo mismo que un perro de media libra como un chihuahua muerda a una persona que el ataque de un animal de 150 libras con una enorme capacidad muscular.
La gravedad de un ataque depende del tamaño, la fuerza y las características físicas del animal.
Por eso decir “todos los perros pueden morder” es cierto, pero insuficiente.
Una mordida no siempre tiene las mismas consecuencias.
Y cuando hablamos de salud pública, las consecuencias importan.
Y conste, Esto no es odio contra una raza. Que ya se que va a salir mas de un estupido diciéndome eso. Esto es física.
Pero también debemos tener cuidado con otra forma de ignorancia: convertir a toda una categoría de perros en culpables por lo que hicieron determinados individuos.
Un perro no se vuelve peligroso automáticamente porque tenga determinada apariencia.
Así que tampoco deberíamos construir leyes, prejuicios o condenas basándonos exclusivamente en la raza que creen que es la culpable. Porque aquí somos tannpendejos y nuestros diputados tan ignorantes que creen que "pitbull" es cualquier perro con cabeza ancha, mandíbula fuerte y cuerpo musculoso. Sin embargo, olvidan o mo saben que la única raza verdaderamente portadora del nombre es el American Pit Bull Terrier. Y entonces le dicen pitbull debido a similitudes físicas al American Staffordshire Terrier, al Staffordshire Bull Terrier, American Bully, e incluso al Dogo Argentino, al Cane Corso y hasta al Boxer.
Por eso el problema es incómodo. Tenemos perros con diferentes características genéticas. Tenemos individuos con diferentes temperamentos.
Tenemos propietarios responsables y propietarios irresponsables.
Tenemos perros correctamente socializados y perros aislados durante prácticamente toda su vida.
Tenemos animales entrenados adecuadamente y otros a los que deliberadamente se les fomenta la agresividad.
Y tenemos niños que no saben cómo acercarse a un perro. Adultos que tampoco saben.
Dueños que dejan perros sueltos. Personas que abrazan animales que no conocen.
Personas que dejan a un niño pequeño solo con un perro porque “el perro es de la familia”.
Y luego nos sorprendemos cuando ocurre algo.
La prevención comienza mucho antes de la mordida. Comienza cuando alguien decide qué perro puede manejar, luego Continúa con la socialización y el entrenamiento, la supervisión, el control del animal. Y termina entendiendo que un perro, por mucho que lo queramos, sigue siendo un animal.
No es un hijo humano.
No tiene nuestra capacidad de razonar las consecuencias. No entiende nuestras normas sociales.
Y no está obligado a comportarse como nosotros queremos solo porque le compramos una camita y le ponemos un chongo en la cabeza.
Todos deberíamos aprender que querer a un animal también significa reconocer sus límites.
Si usted tiene un perro grande y poderoso, su responsabilidad es mayor, no menor.
No porque el perro sea malvado ni porque sea una raza demonizada.
Sino porque las consecuencias de un error pueden ser mayores.
Y eso debería ser sentido común.
Pero el problema más grande es que nos hemos acostumbrado a pensar que la discusión solamente puede tener un culpable. O es la raza. O es el dueño. O es la víctima. Y ya vimos que la respuesta es mas compleja.
Por eso la pregunta que deberíamos hacer antes de adquirir un perro no sea: ¿Qué raza es? o ¿Cuál es más brava?. Deberíamos preguntar: ¿Tengo la capacidad, el conocimiento y la responsabilidad para manejar este animal durante toda su vida?
Porque el perro no escogió vivir con nosotros. Nosotros lo escogimos.
Y cuando uno decide meter a un animal en su casa, también acepta la responsabilidad de lo que ese animal pueda hacer.
Así que la próxima vez que alguien diga: “Mi perro es un amor”, digale: Qué bueno. Pero eso no lo libra de responsabilidad.
Y cuando alguien diga: “Esa raza es peligrosa”, También habría que preguntarle:
¿Basado en qué evidencia?
Porque entre el prejuicio y la ingenuidad existe un lugar llamado realidad.
Y en la realidad los perros no son santos ni demonios. Son animales.
Con genética. Con temperamento. Con aprendizaje, capacidad física, y con propietarios que, para bien o para mal, tienen muchísimo que ver con la historia que termina escribiéndose.
Por que si, A veces el problema está en el perro, a veces está en el dueño. Y muchas veces está en ambos.
Pero una cosa sí deberíamos tener clara: Amar a un perro no significa negar de lo que es capaz. Significa conocerlo, respetarlo y hacerse responsable de él.
Porque un perro puede ser nuestro mejor amigo. Pero nosotros somos responsables de que nunca se convierta en la peor pesadilla de otra persona.
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